martes, 15 de noviembre de 2011

Literatura árabe 'made in' Europa

Escriben en francés, inglés o catalán, desde Texas, Londres o París. Pero son árabes. Sienten, padecen y recrean lo que en esa zona del mundo ocurre, aunque no vivan ahí.

Por Israel Piña



Nacieron después de 1960 en dictaduras, les impusieron ideologías, velos y un lenguaje. Sus padres o ellos lucharon, y luego se fueron. Ahora su batalla es con ellos mismos, con lo que de alguna manera son, con su mundo, el que los expulsó.

Y luchan con humor, burlándose de ellos mismos y del extremismo que viven algunos de sus países de origen. La ironía en su escritura reconstruye: alguna vez creyeron en Bruce Lee, le vieron pelear cuando niños, leyeron a Dostoievski, lo mismo que a Naguib Mahfouz.

Uno de los ejemplos más famosos es Y.B (1968), un autor argelino avecindado en Francia. Su novela Alá Superestar es una burla de los preceptos religiosos, pero no es gratuita, tiene la intención de revelarnos el mundo árabe.

La obra inicia así: “A los árabes les cuesta menos meterse en Al Qaeda que en TF1 por aquello de las cuotas de pantalla. Así que yo, por ser un chaval de procedencia problemática, tengo el porvenir chungo a nivel artístico”.

Pero los árabes no sólo tienen problemas para entrar a la televisión, también lo tienen para llegar a la población a través del mundo editorial. Se calcula que sólo el 1.3% de la producción editorial mundial proviene de esa región del mundo.

Además, la alfabetización abona. En Túnez, por ejemplo, sólo el 29% de la población está alfabetizada, mientras que en Argelia la cifra llega sólo al 50%, según cifras de la Unicef.

De ahí que algunos escritores árabes elijan el inglés para hacer sus obras. Esto, a decir de la estudiosa en literatura árabe, Gina Bechelany, no significa que no podamos considerarlos como autores de esta región.

“Muchos de ellos, aunque escriban en inglés o francés, hacen literatura árabe porque representan a esa sociedad que están viviendo, porque retrata la manera de pensar y un contexto. Lo que no hay que confundir es que toda la literatura tenga que ser de países islámicos”, explicó.

Hisham Matar (1970), por ejemplo, vive en Londres, pero creció en Libia. En el libro Solo en el mundo, narra la historia de la “Revolución cultural libia”, durante la cual los libros son arrojados al fuego. Solimán, el niño protagonista de la historia, narra ese mundo desde la perplejidad, primero, y luego desde el exilio, al que sus padres se ven obligados.

Ese niño, al igual que la niña protagonista de Persépolis, la novela gráfica de Marjane Setrapi (1969), es aquel que los escritores árabes contemporáneos fueron. En esos personajes se sintetiza la experiencia y la forma de entender el mundo del medio oriente. La literatura árabe, aunque concebida mucha de ella en inglés o francés, es tal porque está hecha para entender ese mundo por sus propios expulsados.

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