Los expertos en tecnología coinciden en que con o sin redes sociales, las personas levantarán la voz para decir lo que piensan
“Usamos Facebook para convocar a las protestas, Twitter para coordinarlas y YouTube para contarle al mundo”, fue el mensaje enviado por una activista egipcia durante las revueltas.
El mundo entero quedó asombrado con el desplome vertiginoso de las dictaduras en Túnez y Egipto, al mismo tiempo de que fue reconocido de manera unánime el papel de las redes sociales y otras plataformas de comunicación basadas en internet.
Empresas como Google, Facebook y Vodafone lanzaron campañas publicitarias para dar a conocer la participación de sus plataformas en las revueltas. El polémico Julian Assange y WikiLeaks intentaron hacer lo mismo.
Pero el desarrollo de los acontecimientos en cada uno de los países; así como la violencia desatada durante los disturbios en Londres, en donde el servicio de mensajería de Blackberry fue señalado como el medio de comunicación de los saqueadores, requiere moderar el optimismo inicial respecto al potencial liberador producto de la popularización las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).
Antonio Martínez, ciberactivista y experto en cuestiones relacionadas con derechos humanos y TIC, aceptó que hubo un sobredimensionamiento del papel que han jugado esas herramientas alrededor del mundo.
“Cualquier herramienta tecnológica es en esencia neutral, el uso depende de las intenciones de los usurarios”, apuntó Martínez. “La TIC no hace revoluciones, en todo caso, tan sólo las acompaña”.
La discusión sobre el potencial de herramientas como Twitter o Facebook entre analistas y académicos no es nueva. El provocador artículo de Malcom Gladwell en la revista estadounidense The New Yorker en octubre del 2010; así como las críticas de Evgeny Morozov en Foreing Policy y The Guardian, han puesto en aprietos al círculo de optimistas como el filósofo lituano, Savoj Žižek.
Existe una diferencia abismal entre un escenario de protestas masivas a favor de un cambio democrático y uno en donde una multitud enfurecida sale a las calles a saquear comercios y dañar propiedad privada; sin embargo, la discusión pública en el último caso se ha desviado de la reflexión que resulta urgente.
El Dr. Ramesh Srinivasan, experto en temas relacionados con medios de comunicación e información de la Universidad de California, Los Ángeles, afirmó en un artículo para The Washington Post, que: “Con o sin estas tecnologías, las personas en última instancia, se pondrán de pie y dirán lo qué piensan. Si seguimos enfocándonos en las tecnologías en vez de las personas, corremos el riesgo de ignorar el origen de sus quejas y algo mucho más complejo, las redes orgánicas utilizadas para comunicarse.”
Mientras en Egipto el Ejército permanece en el poder, en Túnez fue electo un partido islamista, por otra parte Bahrein y Siria continúan enfrascados en una represión draconiana y Libia intentará reconstruir el país después de una sangrienta guerra civil, la moneda sigue en el aire. Es momento de llevar los “tuits a las calles” (Tweets to the streets).


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