martes, 15 de noviembre de 2011

Las válvulas de escape en AL frenan la reproducción del modelo árabe: ITESM

A decir del investigador, Adolfo Laborde, los movimientos sociales, el sistema de partidos, incluso las guerrillas son “descompresores” que permitieron a la sociedad menguar los efectos de los sistemas autoritarios

Por Pablo Chávez Meza y José Carlos Nava



Cansancio y hartazgo son dos de los elementos que influyeron para que miles de jóvenes árabes iniciaran lo que el mundo se ha dado por conocer como la “Primavera Árabe”. A diferencia de lo que puede ocurrir en cualquier otra parte del mundo, ahí no se dio un movimiento que defendiera alguna ideología o sistema específico simplemente buscaban una apertura democrática.

Para el profesor investigador, Adolfo Laborde, del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), campus Santa Fe, estos movimientos se dieron por jóvenes con educación, mismos que permearon en el sentir popular.

En tanto, en América Latina, a pesar de que existen personas con un nivel educativo alto, la situación es distinta, pues por estas tierras las naciones han tenido sus propios ajustes e inserciones a la democracia de manera muy diferente.


Para el director de la licenciatura de Relaciones Internacionales del ITESM, América Latina ha tenido experiencias fallidas, exitosas en procesos democráticos, sin embargo, en Medio Oriente y África del Norte, tras su independencia, muchas de esas naciones no tuvieron salidas a sistemas más democráticos o abiertos.

En entrevista para Periodismo Siglo XXI, tras lo ocurrido en naciones como Túnez, Egipto, Siria, Libia y Yemen, el académico dijo que se podría esperar que algo similar ocurriera en naciones latinoamericanas; sin embargo, en la región hubo “válvulas de escape” que permitieron menguar los efectos.

Recordó que en algunos países latinoamericanos, principalmente del sur del continente, fueron naciones que vivieron regímenes militares y que después tuvieron expresiones de libertad, como en el caso de Chile o Argentina.

En la región, abundó, a diferencia de lo ocurrido en las naciones árabes, en Latinoamérica hubo “descompresores” que ayudaron de alguna manera para que las sociedades de la región optaran por el sistema de partidos.

Entre esos “descompresores”, dijo, estuvieron las guerrillas, movimientos sociales, sistemas de partidos, migraciones, entre otros; pero una de las grandes intrigas en esta región es Cuba, donde no se ha dado la apertura democrática ocurrida en las naciones árabes.

Mientras que para las naciones de Medio Oriente o África del Norte, la situación fue diferente, pues al término de sus procesos de independencia, quienes sustituyeron sus gobiernos fueron regímenes autocráticos o altamente antidemocráticos, por lo que no pudieron tener momentos históricos hacia la libertad, lo que sí se dio en Latinoamérica.

“Bien o mal en América Latina sí se ha dado este proceso, inacabado complemente en muchos de los casos, pero allá (Medio Oriente) no, estamos ahora ante la disyuntiva de decir si realmente los cambios que se han dado en la mayoría de estos países que experimentaron la Primavera Árabe van a ir hacia ese rumbo como lo fue el caso de Túnez”, aseveró.

El catedrático puntualizó que no ha quedado claro cuál será el futuro de esas naciones, debido a que no existen las instituciones, ni la tradición ni parámetro de comparación entre las propias naciones.

Incluso, dijo, es algo incierto y aunque existen antecedentes de jóvenes árabes informados, estos movimientos no se dieron en torno a alguna ideología o alguna cuestión política por la que luchen y prueba de ello es que en aquellas naciones no existen los partidos políticos.

Los riesgos

Laborde añadió que una vez lo ocurrido en Medio Oriente, una de las reservas de occidente es que lleguen grupos extremistas al poder y se repliquen los modelos de crítica hacia esa región o hacia las potencias y que se pueden traducir en “críticas o ataques feroces”. Pese a eso, consideró que quienes lleguen al poder en esas naciones serán muy cuidadosos para evitar caer en expresiones de intolerancia hacia Occidente.

Entre tanto, las condiciones generales marcan un perfil de incertidumbre y de cierta inestabilidad política. Un ejemplo es Libia. Tras la caída de Muamar Gadafi, es por ahora donde más se agudiza esta problemática. Uno de los primeros aspectos a considerar es la disyuntiva que representa ahora el reparto del poder entre facciones religiosas, políticas e ideológicas contrastantes.

En dicho país el desacuerdo entre los grupos, aliados en la caída de Gadafi y ahora  en disputa,  radica en establecer las condiciones de mando y de configuración de un nuevo aparato de Estado, están centrados de momento en un asunto que tiene como eje la redefinición de la capital del país. “Trípoli, capital oficial; Bengasi, donde nació la revolución  y está la sede de su órgano de dirección: el Consejo Nacional de Transición (CNT), y que ahora es reconocido como gobierno legítimo. Misrata, una plaza que fue liberada por su propia población tras soportar un sangriento asedio de 70 días, es la tercera en tamaño y  discordia”,  señala Témoris Grecko, especialista en temas de Oriente Medio en el semanario Proceso.

De cara al futuro en la región, está el precedente de las banderas enarboladas por los movimientos, las cuales no eran totalmente islamistas. Sin embargo, es probable que en el transcurso y consolidación de los nuevos asentamientos de poder, predomine  un esquema ideológico antiimperialista y es factible  que estos movimientos de ultraderecha islámica sí mantengan una postura de distancia frente a Occidente. 

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