martes, 15 de noviembre de 2011

Presidentes latinos simpatizaron con Gaddafi

El fallecido líder libio contó con el apoyo de los gobernantes de América Latina entre los que destacan Daniel Ortega de Nicaragua, Fidel Castro de Cuba y Evo Morales de Bolivia

Por Elena Hernández


“Lo que es Bolívar para nosotros, es Muammar Gaddafi para el pueblo libio”, dijo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en una cumbre África-América del Sur, en septiembre de 2009, en la isla venezolana de Margarita, y lo condecoró con una réplica de la espada de Bolívar: “Te la entrego a ti (Gaddafi), soldado revolucionario, líder del pueblo libio, de la revolución libia, de los pueblos de África y líder también para los pueblos de América Latina”.


El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, también forjó una fuerte amistad con el defenestrado líder libio. En 1998, en una entrevista para un medio nicaragüense, habló de sus ingresos económicos y narró que el coronel “ha sido un soporte (financiero) muy importante en todos estos años (...) en carácter personal, pero también ha ayudado” al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). La relación creció en la revolución nicaragüense, de 1979 a 1990, cuando Libia otorgó ayuda agropecuaria, facilitó créditos, fundó un centro cultural, concedió becas e invirtió 15 millones de dólares en la firma Agropecuaria Árabe Libia (de capital de ambos países), según estudios de la Universidad Centroamericana (UCA), de Managua. 

Ortega --recientemente reelecto presidente, pese a haber violado la Constitución que prohíbe los mandatos consecutivos--, criticó la invasión a Libia y la persecución de Gaddafi. Decía que con esa decisión el Consejo de Seguridad muestra que es una “tiranía” y una “dictadura” y deja en evidencia que la ONU debe “democratizarse”.

Para el presidente de Ecuador, Rafael Correa (quien mantiene una pelea en tribunales con la prensa que lo acusa de censura), calificó de “inaceptables” las acciones emprendidas por la OTAN.

Su colega boliviano, Evo Morales, opinó al respecto que la ONU debería pasar a llamarse ONI por ser una “organización de naciones invasoras”.

Enormes fotografías de Gaddafi y de Fidel Castro, líder moral de Cuba, y banderas de Cuba y Libia adornaron Trípoli en mayo de 2001, para recibir al entonces gobernante cubano. En un viaje por “Estados paria” de Asia y África, como Libia, Siria, Irán y Argelia, el comandante Fidel visitó al coronel. Castro —quien estuvo en Libia en 1977— relató que la visita era para “volver a ver” a uno de sus “viejos amigos”. Las “revoluciones cubana y libia tienen objetivos similares”, proclamó. Libia y Cuba suscribieron numerosos acuerdos desde 1969 en rubros como construcción y salud. El régimen libio importó grandes cantidades de azúcar y café de la isla.

Pero no sólo estos países de América Latina mantenían excelentes relaciones con la Libia de Gaddafi.  Brasil y Argentina completan el lote de naciones que tienen o alguna vez tuvieron una “relación preferente”.

¿Por qué Castro, Ortega y Chávez lo saludan como hermano, y antiimperialista? Porque lo fue, dice el investigador Jean Meyer. “Armó y financió la guerrilla en el mundo entero. Y el terrorismo también. Recuerdo a los jóvenes católicos mexicanos, agentes y colaboradores de la revolución sandinista y de la salvadoreña, que iban a Trípoli por dinero y armas: Gaddafi los recibía con los honores militares, como recibía a Carlos El Chacal, admirado y celebrado por Hugo Chávez, y a los de la IRA, ETA, OLP, etc.”.

Con dinero y armas, el coronel libio premió la lealtad de tres aliados latinoamericanos con quienes compartió un historial revolucionario pero, sobre todo, un enemigo en común: Estados Unidos.

Gaddafi convirtió a Castro, Ortega y Chávez en los principales aliados en América Latina y el Caribe de su régimen de poco menos de 42 años, con flujo de dinero, armas y lealtad política que inquietaron a Estados Unidos por factores como el impacto en las guerrillas izquierdistas de Colombia y Centroamérica y el eventual adiestramiento de terroristas. Así que ahora que el coronel ha sido asesinado, sus principales socios latinoamericanos han criticado constantemente su muerte, lo han convertido en mártir y se niegan a reconocer al nuevo gobierno libio, algo natural para quienes la oposición no   tiene ni voz ni voto. 

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